domingo, 3 de marzo de 2013

AISHA KANDISHA UN MITO DEL ISLAM



AISHA KANDISHA

Mientras aquí a los niños se les asusta con el hombre del saco o el coco, el personaje que más miedo da a los niños en Marruecos, el que consigue que se terminen toda la cena o se vayan a dormir, es Aisha Kandisha. 

Aisha Kandisha se presenta como una mujer hermosa y seductora, de cabellos largos, algunos dicen que con manos de carnero, a quien le gustan especialmente los lugares con agua, el mar, los ríos, las fuentes y pozos.  Seduce a los hombres, consigue que se vuelvan locos e incluso lleguen al suicidio, y entonces se convierte en la djina que  realmente es, una anciana sin dientes y pelo largo y sucio, despeinada y con una mirada cruel. También se la conoce como Lala Aihsa, Aihsa Sudaniya o Aihsa Elgawia.


La leyenda de Aisha Kandisha es una evolución del mito judío de Lilith, la que fue la primer mujer de Adan antes de Eva. Lilith fue creada por Dios a la vez que Adán, a su imagen y semejanza,  abandonó el Edén al considerar que Adán no la trataba como a un igual y pretendía someterla. Fue entonces al Mar Muerto donde fueron los ángeles a buscarla, al no querer volver al Paraíso, Dios la castigó matando a sus hijos. Des de entonces, Lilith, intenta vengarse raptando a los niños de sus cunas y (según la tradición hebrea) matando a los niños menores de 8 días, sin circuncidar. Es también una especie de demonio que seduce a los hombres en sus sueños.
Hay dos leyendas que podrían explicar de donde surge el nombre de Aisha Kandisha, que podría ser el nombre de una mujer que realmente existió.
Según una de estas leyendas, Aisha Kandisha, fue una mujer que existió en el siglo XVI que se enfrentó a los portugueses cuando invadieron la ciudad de Mazagan (lo que es ahora El-Jadida). Ellos diezmaron a su familia y la violaron. En venganza ella utilizaba su belleza para seducir a los soldados y después matarlos.
Otra leyenda habla de la hija de don Julián (noble godo del norte de África que facilitó la invasión de la península por los  musulmanes al traicionar a don Rodrigo), al negociar con Tarik ben Ziyab el paso del estrecho para invadir la península (año 711), este no se fió de don Julián y le pidió que dejara a su hija cono rehén. Ella se bañaba desnuda las noches de luna llega, y los nativos que la vieron salir del mar, desnuda, brillando a la luz de la luna, con el pelo largo y mojado, la consideraron una djina surgiendo del océano y le atribuyeron poderes para hacer perder la cabeza a los hombres.
En Marruecos para cada djin existe un talismán de protección, los dibujos que se hacen con la henna en forma de hojas, diamantes o dibujos con muchos puntos tiene la finalidad de proteger contra los hechizos de Aisha Kandisha 

EL AÑO DEL ELEFANTE


El Año del elefante, hace referencia a un hecho ocurrido en la peninsula arabia antes del nacimiento del profeta Muhammad sws, este hecho relata como un potente ejercito se dirigia a la ciudad de la Meca para destruir la Kaaba, fue parado por un ejercito de pajaros, dicho ejercito estaba dirijido por Abraha gobernador abisinio de la zona de Yemen que construio una catedral y queria que fuera el unico foco de concentración religiosa del pais, ya que sabia que los arabes tanto politeistas, cristianos y professantes del judaismo iban de pelegrinación a la Meca, en dicho relato siguendo fiel a la narrativa y segun fue transmitida empieza haci, pero antes un dato a tener en cuenta Yemen fue anteriormente una zona independiente luego fue tomada por el imperio persa sasanida que establecio un yemeni judio al poder, en aquel tiempo Bizancio  y los sasanidas estaban enfrentados haci que Bizancio contacto con su aliados del reino abisinio y les ordenaron someter la zona, empecemos.
EN aquel tiempo el Yemen se encontraba bajo el gobierno de Abisiy el virrey era un abisinio
llamado Abrahah. En Saná levantó una catedral magnífica con la esperanza de que
reemplazara a la Meca como el gran lugar de peregrinación para toda Arabia. Para su
construcción hizo traer mármol de uno de los palacios abandonados de la Reina de Saba, colocó cruces de oro y plata y púlpitos de marfil y ébano, y escribió a su señor, el Negus: "He
construido una iglesia para ti, oh Rey, como jamás antes fue erigida otra para ningún rey, y no
descansaré hasta que haya desviado hacia ella la peregrinación de los árabes." Tampoco hizo
de su intención un secreto, lo cual provocó gran ira entre las tribus de Hiyaz y Nachd.
Finalmente, un hombre de Kinanah, una tribu relacionada con el Quraysh, fue a Saná con el
propósito deliberado de profanar la iglesia, lo que hizo una noche, volviéndose luego sin
novedad con su gente.
Cuando Abrahah se enteró, juró que como venganza arrasaría la Kaabah. Después de
hechos los preparativos, se puso en marcha hacia la Meca con un gran ejército en cuya
vanguardia colocó a un elefante. Algunas tribus árabes del norte de Saná intentaron impedir su
avance, pero los abisinios los pusieron en fuga y se apoderaron de su jefe, Nufayl, de la tribu
de Jatham. Como rescate por su vida se ofreció a actuar como guía.
Cuando el ejército alcanzó Taif, los hombres de Thaqif salieron a recibirlos, temerosos
de que Abrahah pudiera destruir su templo de al-Lat confundiéndolo con la Kaabah. Se
apresuraron a señalarle que todavía no había llegado a su meta y le ofrecieron un guía para lo
que restaba de marcha. Aunque ya contaba con Nufayl, aceptó su oferta, pero el hombre murió
durante el camino, a unas dos millas de la Meca, en un lugar llamado Mugammis, y allí lo
enterraron. Más adelante a los árabes les dio por lapidar su tumba, y todavía hoy las gentes
que allí viven le siguen arrojando piedras.
Abraham se detuvo en Mugammis y envió un destacamento de jinetes a las afueras de
la Meca. Durante el camino se apoderaron de cuanto pudieron y enviaron el botín a Abrahah,
que incluía doscientos camellos propiedad de Abd al-Muttalib. El Quraysh y otras tribus vecinas
celebraron un consejo de guerra y decidieron que era inútil intentar oponer resistencia al
enemigo. Mientras tanto, Abrahah envió un mensajero a la Meca con la orden de preguntar por
el principal hombre de allí. Tenía que decirle que no habían venido a combatir sino sólo a
destruir el templo, y si deseaba evitar cualquier derramamiento de sangre tendría que acudir al
campamento de los abisinios.
El Quraysh no había contado con un jefe oficial desde la época en que se habían
dividido sus privilegios y responsabilidades entre las casas de Abd ad-Dar y Abdu Manaf. Pero
la mayoría de la gente tenía su opinión acerca de cuál de los jefes de los clanes era de hecho,
si no de derecho, el hombre más destacado de la Meca. En esta ocasión dirigieron al
mensajero a la casa de Abd al-Muttalib quien, junto con uno de sus hijos, se volvió con el
emisario hacia el campamento. Cuando Abrahah lo vio quedó tan impresionado por su aspecto
que se levantó de su asiento real para saludarlo, luego se sentó junto a él en la alfombra y le
dijo al intérprete que le preguntase si quería pedir algún favor. Abd al-Muttalib respondió que el
ejército se había apropiado de doscientos de sus camellos y pidió que le fuesen devueltos.
Abrahah quedó un tanto sorprendido por esta petición y dijo que le había decepcionado que
pensase en sus camellos antes que en su religión, la cual habían venido a destruir. Abd al-
Muttalib respondió: "Yo soy el señor de los camellos, y el templo igualmente tiene un señor que
lo defenderá." "No puede defenderlo contra mí", dijo Abrahah. "Veremos", respondió Abd al-
Muttalib. "Pero dadme mis camellos." Y Abrahah dio órdenes para que se los devolvieran.
Abd al-Muttalib se volvió al Quraysh y les aconsejó que se retirasen a las colinas que
dominaban la ciudad. Luego, él se fue con algunos miembros de la familia y otra gente al
Santuario. Se pusieron a su lado, pidiendo a Dios para que los ayudase contra Abrahah y su
ejército, y él agarró el anillo metálico colocado en el centro de la puerta de la Kaabah y dijo:
"¡Oh, Dios! ¡Vuestro esclavo protegió su casa, proteged Vos Vuestra Casa!" Después de haber
orado de esta manera se fue con los otros a unirse al resto de Quraysh en las colinas, en
puntos desde donde podían ver lo que sucedía abajo en el valle.
A la mañana siguiente, Abrahah se dispuso a entrar en la ciudad con la intención de
destruir la Kaabah y luego volverse a Saná por el mismo camino por donde habían venido. El
elefante, ricamente enjaezado, fue conducido al frente del ejército, que ya estaba ordenado
para el combate; cuando el poderoso animal llegó a su posición su guardián Unays lo puso en
la misma dirección hacia donde estaba dispuesta la tropa, es decir, hacia la Meca. Pero Nufayl,
el guía forzoso, había marchado durante la mayor parte del camino en la vanguardia del
ejército con Unays y de éste había aprendido algunas de las palabras de mando que
comprendía el elefante; y mientras la cabeza de Unays se volvió para observar la señal de
avance, Nufayl agarró la gran oreja del elefante y le transmitió con voz apagada pero enérgica
la orden de arrodillarse. Acto seguido, para sorpresa y consternación de Abrahah y el ejército,
el elefante, lenta y pausadamente, se arrodilló sobre el suelo. Unays le ordenó levantarse, pero
la palabra de Nufayl había coincidido con una orden más imperiosa que la de cualquier
hombre, y el elefante no quiso moverse. Hicieron cuanto pudieron para que se incorporara;
incluso le golpearon en la cabeza con barras de hierro y le pincharon en el vientre con ganchos
de hierro, pero él permaneció como una roca. Entonces intentaron la estratagema de hacer que
todo el ejército diese la vuelta y marchase algunos pasos en dirección al Yemen. El elefante se
levantó de inmediato, se dio la vuelta y los siguió. Esperanzados, volvieron a dar la vuelta, y el
elefante también la dio, pero tan pronto como estuvo mirando hacia la Meca se arrodilló de
nuevo.
Era el más claro de los portentos que no diese ni un sólo paso más adelante, pero
Abrahah estaba cegado por su ambición personal hacia el santuario que había construido y por
su determinación de destruir a su gran rival. Si entonces se hubiesen dado la vuelta, quizá
habrían escapado todos del desastre. Pero, de improviso, fue demasiado tarde: por occidente
el cielo se ennegreció y se escuchó un extraño sonido, su volumen aumentó a medida que una
gran ola de oscuridad procedente de la dirección del mar los envolvía, y el cielo sobre sus
cabezas, hasta donde alcanzaba la vista, se llenó de aves. Los sobrevivientes dijeron que
volaban de forma parecida a los vencejos, y que cada ave llevaba tres guijarros del tamaño de
guisantes secos, uno en el pico y otro entre las garras de cada pata. Se lanzaron de aquí para
allá sobre las filas, arrojando a la vez los guijarros, y éstos eran tan duros y caían con tanta
velocidad que perforaban incluso las cotas de malla. Cada piedra dio en su blanco y mató a su
hombre, porque en cuanto el cuerpo recibía el golpe sus carnes comenzaban a pudrirse
rápidamente, en algunos casos, y con mayor lentitud en otros. No hubo ningún herido, y entre
los que vieron su vida perdonada se contaron Unays y el elefante; pero todos fueron presa del
terror. Unos pocos se quedaron en el Hiyaz y se ganaron la vida con el pastoreo o con otros
trabajos. Pero la mayoría del ejército volvió en desorden a Saná. Muchos murieron por el
camino y muchos otros, incluido Abrahah, fallecieron poco después de regresar. En cuanto a
Nufayl, había abandonado subrepticiamente el ejército cuando el elefante se convirtió en el
centro de la atención de todos, alcanzando sin contratiempos las colinas que dominan la Meca.
Después de ese día el Quraysh fue llamado por los árabes "el pueblo de Dios", y se les
tuvo en un respeto aún mayor que antes, porque Dios había respondido a sus plegarias y
salvado a la Kaabah de la destrucción. Todavía hoy se les honra, pero más bien a causa de un
segundo acontecimiento -sin duda desconectado del primero que tuvo lugar en el mismo año
del elefante.
Abdallah, el hijo de Abd al-Muttalib, no se encontraba en la Meca cuando sucedió el
milagro de las aves. Se había ido para comerciar a Palestina y Siria con una de las caravanas;
de regreso al hogar se había alojado con la familia de su abuela en Yathrib, y allí había
enfermado. La caravana prosiguió sin él hacia la Meca; cuando Abd al-Muttalib se enteró envió
a Harith para que acompañase a su hermano en su retorno tan pronto estuviese
suficientemente bien para viajar. Sin embargo, cuando Harith llegó a la casa de sus primos sus
saludos encontraron respuestas de condolencia, y al instante comprendió que su hermano
había fallecido.
Grande fue la aflicción en la Meca cuando Harith volvió. El único consuelo de Aminah
era el hijo que estaba esperando de su marido ahora fallecido, y su alivio fue mayor a medida
que se fue acercando el momento del parto. Era consciente de una luz en su interior, y un día
brilló desde ella con tan gran resplandor que pudo ver los castillos de Bostra en Siria. Y oyó
una voz que le decía: "En tu seno llevas al señor de este pueblo, y cuando nazca di: Lo pongo
bajo la protección del Uno, contra el mal de los que envidian. Luego, ponle por nombre
Muhammad." (1.1.102).
Unas semanas más tarde nació el niño. Aminah se encontraba en casa de su tío y
envió un mensaje a Abd al-Muttalib pidiéndole que fuese a ver a su nieto. Abd al-Muttalib tomó
al pequeño en sus brazos y lo llevó al Santuario y al interior de la Casa Sagrada, donde
pronunció una plegaria de agradecimiento a Dios por el don recibido. Luego lo llevó de nuevo
con su madre, y de camino se lo mostró a los miembros de su propia casa. Él mismo habría de
tener poco después otro hijo de Halah, la prima de Aminah. En aquel momento su hijo más
pequeño era Abbas, de tres años, que lo recibió a la puerta de su casa. "Éste es tu hermano;
bésalo", dijo, presentándole al recién nacido, y Abbas lo besó.

domingo, 24 de febrero de 2013

DIOSES ARABES

AGLIBOL





Aglibol fue una deidad lunar en la antigua ciudad Siria de Palmira. Su nombre significa "Becerro de Bel" ("Becerro del Señor").1
Aglibol es representado con un halo lunar que adorna su cabeza y en ocasiones sus hombros, y uno de sus atributos es la luna en forma de hoz (creciente).
Aglibol está relacionado con el dios solar Yarhibol y el dios supremo Bel, en una famosa trinidad. También se asocia con las versiones sirias de Astarté "Venus" y conArsu "Estrella de la noche".
El culto a Aglibol continuó hasta la época helenística y se extendió más tarde a Roma, llevado por los soldados de Palmira que sirvieron en el ejército romano.
En Palmira forma la tríada local (ver figura) con el dios supremo Baalshamin y el dios solar Malakbel, representados con armadura romana del Imperio, donde celebran laeternidad celeste y los beneficios del calor vinculados a la humedad.

ALMAQAH








Almaqah está considerado un dios solar pero hasta recientemente se le consideraba lunar. Hay una cierta controversia. Garbini y Pirenne (en 1972-74) mostraron que la cabeza de toro y los motivos de vid asociados a él, son atributos solares y dionisíacos por lo que, sería más probable un dios del sol, contraparte masculina de la diosa solarSams, también venerada en Saba, como diosa tutelar de la dinastía real.1

La dinastía que gobernaba Saba se consideraba a sí misma como "hijos de Almaqh". A Almaqah se le representaba con un grupo de rayos curvados, al modo de un arma parecido a una hoz o a la letra "S". Como "Toro del país del Señor", los toros eran sagrados y se le responsabilizaba de la fertilidad de la tierra y protector de los riegos artificiales.
En un primer momento, Almaqah era representado junto al mukarrib (rey) y la familia reinante de Saba (de quien pensaba que serían sus hijos). Aunque figuraba con un papel importante en el panteón sabeo, en las invocaciones a los dioses siempre seguía a Athtar.
ATTAR



Attar, también conocido como Athtar, Athar, Astar o Ashtar es el dios del lucero del alba (Venus) en la mitologíasemítica occidental y se corresponde con la diosa Istar en Mesopotamia, asociada también a Venus.
Una leyenda cananea dice que intentó usurpar el trono del dios de la tormenta Baal, pero no lo consigue. En las regiones semiáridas de Asia occidental se le rendía culto a veces como dios de la lluvia, por proporcionar a través de las tormentas, la lluvia que regaba los campos. Su contraparte femenina es lafenicia Astarté.
En regiones más al sur, probablemente es conocido como Dhu-Samani. Attar también era adorado en el sur de Arabia en tiempos preislámicos, donde era el dios principal del panteón. Allí habría sustituido a la antigua suprema divinidad semita El.
Como dios de la guerra, era referido a menudo como "El que es valiente en la batalla". Uno de sus símbolos era la punta de lanza y el antílope era su animal sagrado. Cuando se le nombraba como Sharīqān, "el oriental" (posiblemente una referencia al poder sobre Venus como la estrella matutina), se le invocaba como vengador frente a los enemigos.



LEYENDAS Y MITOS ARABES









Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dió una bofeteada al otro.
El otro ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:
HOY MI MEJOR AMIGO ME PEGÓ UNA BOFETADA EN EL ROSTRO.
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse.
El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo.
Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:
HOY MI MEJOR AMIGO ME SALVÓ LA VIDA.
Intrigado el amigo preguntó:
¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra ?
Sonriendo, el otro amigo respondió:
“Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo, por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo “.
Anónimo